Antes de que los primeros conquistadores españoles pisaran la “tierra más hermosa que ojos humanos vieran” ya la mayor parte de los accidentes geográficos de la isla tenían nombres puestos por los aborígenes que la habitaban.
Muchos de esos nombres se han conservado, a pesar de la
imposición cultural propia de la colonización, y otros han variado, parcial o
totalmente.
En el último de los casos se encuentra la principal
corriente de agua de La Habana,
el río Almendares, cuyo nombre original era Casiguaguas, lo que en lenguaje nativo
significa aproximadamente “lugar por donde fluye el agua”.
Los colonizadores dieron en llamarle La Chorrera, debido a unos
pequeños saltos de agua existentes en la zona que hoy conocemos como Puentes
Grandes. Eso fue hasta que el obispo Enrique Almendaris se fuera a restaurar su
quebrantada salud a orillas del río, más o menos por esa zona.
Al prelado le sentó el ambiente y se recuperó, lo que
motivó que su apellido se impregnara en la que, en aquel entonces era
cristalina corriente, hasta hacerla cambiar de nombre. Sin embargo de aquella
época se conserva como recuerdo el nombre del lugar en que el curso hídrico
desemboca en el mar: Boca de La
Chorrera.
El río Almendares fue vital en el desarrollo de nuestra
ciudad capital, porque el segundo asentamiento de la villa reposó precisamente
junto a La Chorrera. Recordemos
que antes de eso los conquistadores intentaron fundar la ciudad más al sur,
cerca de lo que es hoy Batabanó, pero las condiciones naturales les fueron muy
adversas.
Luego, cuando ya San Cristóbal de La Habana se mudó al litoral norte, sus habitantes
siguieron surtiéndose del agua de ese río. Primero en toneles transportados en
carretas tiradas por animales; después, en 1592, a través de la Zanja Real, de la que
aún se conserva el recuerdo en el nombre de la calle Zanja del municipio Centro
Habana y por último con el primer y rudimentario acueducto construido con tuberías.
El agua corría desde un sitio donde se represaba,
conocido como El Husillo, hasta lo que después fue la Plaza de la Catedral. Pasaba
cerca del camino de San Antonio Chiquito y al pie de la Loma de Arostegui y el
Castillo del Príncipe, seguía por la calle Zanja hasta Villanueva y por la calle
Dragones hasta Monserrate, buscaba la esquina de Teniente Rey y Compostela y
luego las esquinas de Obispo y Habana, O’Reilly y Aguiar y así llegaba al
Callejón del Chorro, donde los vecinos la tomaban del boquerón abierto en un
muro.
El Almendares resultó también una vía fluvial de
transporte hasta donde era posible navegarlo. Según recoge la historia, la
conocida papelera de Puentes Grandes, fue antes una destilería, operada por la
mafia estadounidense, donde se fabricaba parte de la bebida alcohólica que se
introducía clandestinamente en Estados Unidos durante la Ley Seca.
El producto se transportaba en botes por el río, hasta el
litoral, donde se embarcaba en navíos de mayor porte que lo conducían hasta las
costas de Norteamérica.
El río no solo sirvió a estos fines, sino que en varios lugares
de sus orillas se establecieron parques para la recreación de los residentes en
la región. Mencionemos a Río Cristal, en el actual municipio de Boyeros; los
Jardines de la Polar
y Los Jardines de la Tropical,
en Marianao y el Parque Almendares, ya muy cerca de la desembocadura.
Residencial Almendares se nombra un reparto a orillas de
la corriente, en el actual municipio Boyeros, y otro asentamiento similar lleva
el nombre de Río Verde haciendo también alusión a su cercanía con ella.
Así mismo, el principal equipo habanero de béisbol de la
etapa prerrevolucionaria se nombraba Almendares.
Siguiendo con paciencia un mapa de La Habana se puede saber que
el principal río que drena su geografía se origina en un punto entre el Cotorro
y Managua y que su caudal se nutre de varios afluentes entre los que cabe
mencionar al Mordazo, Jicotea, Lechuga, San Francisco, Jíbaro, Pancho Simón y La Catalina.
Nuestro Almendares se fue degradando, año tras año, a
causa del vertimiento de aguas negras producidas por diversas industrias, entre
las que resaltaban tres fábricas de cerveza y la papelera de Puentes Grandes,
además de los albañales de los asentamientos poblacionales a sus orillas.
Por suerte y gracias al esfuerzo de muchas personas e
instituciones, ya el río ha recuperado algo de la lozanía que antaño lo
convirtiera en elemento primordial para el desarrollo de La Habana. Confiemos
en que más temprano que tarde los habaneros podamos apreciar nuevamente el
frescor y la limpieza del río, tal cual era cuando aún se conocía con su nombre
original de Casiguaguas.
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